lunes, 27 de octubre de 2014

El populismo penal

Lo verdaderamente importante presenta: el populismo penal, un lastre para la sociedad

En la carrera de Periodismo se va aprendiendo día a día nuevos aspectos del futuro profesional, como ocurre con todos los demás estudios universitarios; sin embargo, también se adquieren conocimientos que distan de estar asociados, al menos explícitamente, en el "mundillo". Por ejemplo, el siempre complejo entramado de la filosofía política que, de por sí, a no ser que se quiera ser un periodista especializado en el tema, no resulta indispensable para la labor del periodismo. Hoy hablaré en el blog de un espinoso tema: el populismo penal.
El populismo penal consiste en adoptar políticas en materia de seguridad a través de las cuales se utiliza el derecho penal de manera demagógica. Se trata de un conjunto de políticas que, lejos de contribuir a un descenso de la criminalidad, infunden miedo en la sociedad mediante acciones represivas y medidas punitivas. Por lo tanto, el poder, amparado en los medios de comunicación, crea miedo con el objetivo de llegar a un consenso electoral basado en la manipulación del electorado. Y esto, aunque esté solapado por una población poco consciente de su sometimiento, se da en muchos países democráticos occidentales (ya ni hablemos de los que no lo son). Es decir, estamos terriblemente influenciados por unos medios que nos venden la moto por orden de los poderes que nos gobiernan.
Los mensajes de este populismo penal están claros: primero, nos hacen creer que la "verdadera" criminalidad es la de la calle, no la de los dirigentes corruptos; segundo, cambian el significado de "seguridad", que pasa de entenderse como "seguridad social" (estado de derecho) a entenderse como "seguridad pública" (formas del orden público -policía- más las medidas punitivas); y tercero, nos invitan a fabricar miedo, en lo que nos explica el más que coherente nexo entre poder y miedo. Estos tres mensajes nos conducen a una política de "tolerancia cero" que fomenta el derecho penal desigual: el cese total del crimen en un espacio de máxima desigualdad y discriminación.
Para más inri, estas políticas tan nocivas para la sociedad en su conjunto tienen unos efectos contrarios a los deseados: aumentan exponencialmente el número de encarcelados sin que esto signifique un descenso igual de importante en la tasa de criminalidad. Y esto se debe, básicamente, a cuatro aspectos:
1. Estas regulaciones son inaplicables (solo importa su valor simbólico y propagandístico).
2. Son normas criminógenas, empujan a continuar o incrementar la ilegalidad.
3. Se construye un derecho penal en el que es más importante la exclusión y la penalidad.
4. Debilitan la lucha contra la criminalidad al agotar el tejido civil sobre el que se asienta toda sociedad democrática.


Por último, solo me queda resaltar que estas políticas solo actúan contra un determinado grupo social: los pobres. Sí, han leído bien, solo los pobres cometen delitos lo suficientemente graves como para ser juzgados con estas leyes tan dañinas. El encarcelamiento masivo del que hablaba antes, es un encarcelamiento de la pobreza, y el derecho penal discriminatorio lo es porque ha degenerado en un derecho clasista que se convierte en inflexible contra los más pobres y en moderado (incluso pasivo) contra los más poderosos. Un veneno racista que se inyecta a la sociedad civil a través de los medios de comunicación.

En definitiva, vivimos en una sociedad controlada por los medios que, a su vez, están controlados por los poderes públicos, los cuales tratan de construir una sociedad temerosa, insegura, más fácilmente controlable. ¿Hasta cuándo permanecerá impasible dicha sociedad? Si fuera capaz de salir del letargo, ¿qué acciones podría tomar para intentar acabar con esta situación? Sin duda, no va a ser fácil lograrlo, pero no debemos caer en la desidia y en la apatía contra estas injusticias.
Christian A.A.S.



lunes, 29 de septiembre de 2014

La otra cara del Consejo de Seguridad de la ONU

Lo verdaderamente importante presenta: el Consejo de Seguridad de la ONU, ¿reconocimiento no merecido?

La pasada semana tuvo lugar la reunión anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la que, entre otras cosas, volvió a salir a la palestra la negativa de muchos países al Consejo de Seguridad de la ONU, uno de los organismos más importantes y polémicos de la institución internacional. En el día de hoy, me propongo desvelar los entresijos de este Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Una de las intervenciones más destacadas de esta reunión anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas fue la del recién nombrado Monarca de España, Felipe VI, que instó a los países miembros a que votaran a nuestro país como miembro temporal del Consejo de Seguridad. Si mandamos al Rey a que intentara persuadir a la comunidad internacional de esto será porque la presencia de España en el Consejo será muy beneficiosa, ¿no? Muchos no conocen la labor del Consejo de Seguridad de la ONU, que no es otra que la consecución de la paz en el mundo llegando a poder adoptar medidas contra el país que la amenace. ¿Cómo? Sencillo, mediante resoluciones debatidas en la Asamblea General (formada por u representante de cada nación miembro) que son propuestas al Consejo para su afirmación o negación. Entremos un poco más en el tema: el Consejo de Seguridad está formado por 15 estados, de los cuales 5 son permanentes (los vencedores de la II Guerra Mundial: Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, la Federación Rusa y China) y 10 temporales (cambian de 5 en 5 cada dos años). Es decir, un conjunto de 15 estados (10 de ellos cambiantes) deciden si aceptar o rechazar la propuesta de los más de 200 países que conforman la ONU. Manda tela.


Uno de los aspectos que más critica la comunidad internacional sobre el Consejo de Seguridad no es que sea limitado, sino que, además de esto, los cinco miembros permanentes tienen el derecho a vetar cualquier resolución que no les interese o agrade. Requetequemanda tela. Es decir, uno de los cinco países permanentes puede llegar un día y plantarse ante la resolución que sus otros 14 "compañeros de clase" han aprobado: si uno de estos cinco dice "no", campana y se acabó. Y esto ha sucedido con demasiada frecuencia (gracias al cielo desde el final de la guerra fría, ha caído considerablemente el número de vetos en el Consejo de Seguridad) en los escasos 70 años de vida de la organización, unas 200 veces. 
Pero ya hay muchos países, como dije antes, que se están plantando ante este abuso de poder. El último en sumarse a la lista de los críticos de este sistema ha sido el presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís. Lo malo, es que no son muchos los que tienen la valentía de enfrentarse a lo establecido, y menos si lo establecido tiene nombres como Barack Obama, Vladimir Putin o Xi Jinping. 

 Vladimir Putin



Desgraciadamente, los poderes y los derechos que se consiguen son muy difíciles de ceder; no podemos creer tan inocentemente que estos cinco países vayan a renunciar a sus privilegios con facilidad. Aunque dos de ellos ya han afirmado que no les importaría (Francia y Gran Bretaña), todavía quedan tres que no dan su brazo a torcer (curiosamente, los que más han vetado resoluciones en la historia del Consejo de Seguridad). Iniciativas como la del presidente de Costa Rica no pueden quedarse en simples palabras o en meros recuerdos. Es el momento de que la comunidad internacional en su conjunto se plante ante las injusticias que desde la propia Organización de las Naciones Unidas (que nace para defender la paz, la solidaridad y la igualdad entre naciones) se genere desigualdades entre los países. Hay que tener en cuenta que los cinco miembros permanentes lo son por haber ganado una guerra de hace más de 60 años. El mundo, señores, ha cambiado mucho desde entonces. 
Christian A.A.S.

lunes, 22 de septiembre de 2014

El ciudadano escondido

Lo verdaderamente importante presenta: el ser humano, ¿público fantasma?

Hoy el ciudadano de a pie se siente como un espectador sordo en la última fila, alguien que debería estar concentrado en lo que está sucediendo, pero que no puede mantenerse despierto. Sabe que de alguna manera lo que está sucediendo le afecta. Las continuas normas y regulaciones, los impuestos anuales y las guerras le recuerdan, ocasionalmente, la situación de marginalidad que ocupa debido a diversas circunstancias.

Sin embargo, pensar que todos estos asuntos públicos son sus asuntos no resulta convincente. Son en su mayor parte invisibles. Son dirigidos, si es que cae hablar de alguna dirección, en lugares distantes, desde detrás de las bambalinas, por poderes sin nombre. El ciudadano de a pie no sabe con seguridad lo que está sucediendo, quién es el responsable, o dónde está teniendo lugar. Ningún periódico se lo ha contextualizado de forma que pueda entenderlo; ninguna escuela le ha enseñado cómo imaginarlo; sus ideales, con frecuencia, no encuentran encaje; escuchar los discursos, aportar sus opiniones y ejercer el voto no le capacitan, piensa, para el gobierno. Vive en un mundo que no puede ver, no entiende y es incapaz de dirigir. 

A la fría luz de la experiencia sabe que su soberanía es una ficción. En teoría reina, pero de hecho no gobierna. La contemplación de sí mismo y sus logros en los asuntos públicos, el contraste de la influencia que ejerce en la realidad con la influencia que se le supone que debe ejercer de acuerdo a la teoría democrática, le lleva a hablar de sus soberanía en los mismos términos que Bismarck hablaba de Napoleón III: "A distancia es algo, pero de cerca no es nada en absoluto". Cuando, durante una agitación de cualquier tipo, pongamos por caso una campaña electoral, se escucha a sí mismo y a otros treinta millones descritos como fuente de toda sabiduría, poder y honradez, la causa primera y la meta última, se rebelan los restos de salud mental que todavía alberga.
Otto Von Bismarck

Cuando el ciudadano de a pie ha superado la visión romántica del mundo de la política y aya no le conmueven los ecos estériles de sus propios lamentos, cuando se siente sobrio y poco impresionable, su participación en los asuntos públicos se le aparece como una cosa pretenciosa, de segundo orden, una inconsecuencia. Entonces ya no se le puede incitar a la acción con un discurso directo acerca del servicio y el deber cívico, tampoco agitándole una bandera en la cara, ni enviándole un boy scout para hacerle votar. Es un hombre de vuelta a casa después de una cruzada para transformar el mundo en algo que nunca llegó a ser; ha sido tentado demasiado a menudo por el oropel de los acontecimientos, ha visto lo que hay de real en ellos, y con una sonrisa amarga, se ha dado cuenta de que, ciertamente, es un ser alienado.

Esto era lo que decía a principios del siglo pasado el sociólogo Walter Lippmann sobre la ciudadanía de la época, una ciudadanía que, curiosamente (o no), se parece mucho a la nuestra. Una ciudadanía que carece de la motivación de participar activamente en los procesos democráticos que tanto le ha costado alcanzar en los veintiún siglos de historia moderna (a los que hay que contar los siglos del mundo clásico). No debemos olvidarnos de lo que a nuestros antepasados les costó construir el mundo en el que vivimos que, aunque con sus incontables problemas, es mejor que el que ellos tenían. No tiremos por la borda su trabajo y su tesón; tomemos conciencia política, que buena falta nos hace, y caminemos juntos hacia una democracia mejor, hacia un mundo mejor.
Christian A.A.S.




jueves, 18 de septiembre de 2014

La fuerza electoral de la televisión

Lo verdaderamente importante presenta: la política y la televisión, ¿audiencias y votos?

El pasado miércoles 17 de septiembre ocurrió un hecho que ha traído mucha cola: Pedro Sánchez, líder del PSOE desde el mes de julio, llamó en riguroso directo al programa de Telecinco "Sálvame" en lo que se ha calificado como una maniobra populista por parte del joven dirigente de la centro-izquierda española. Hoy, analizaré esta llamada de todo menos inocente. 

Miércoles 17 de septiembre, casi las 18:00. Era una tarde habitual en el popular programa "Sálvame diario" del también popular Jorge Javier Vázquez. En una de las típicas (y vergonzosas) discusiones que se suelen montar en directo en el plató, los tertulianos hablan de la "barbarie" de la celebración del Toro de la Vega en Tordesillas; mientras que Vázquez pronunció que "jamás volveré a votar al PSOE porque estría en contra de mi conciencia" (el alcalde del municipio es del PSOE y apoya la festividad). De inmediato, llega un whatsapp al móvil de una de las ayudantes de Pedro Sánchez que, de inmediato, pone al corriente del líder socialista el comentario de Jorge Javier. Sin dudarlo, Sánchez coge su teléfono y llama al programa pidiendo hablar con Vázquez en directo. 


En la dirección del programa de Mediaset empiezan a surgir exclamaciones de sorpresa, pero también de alegría. Parece ser que, en los últimos tiempos, las intervenciones de políticos en la televisión están siendo muy cotizadas por la audiencia (véase como ejemplo laSexta Noche, Al rojo vivo, las mañanas de Cuatro, etc.) y no iban a dejar pasar esta oportunidad de subir un par de décimas de "share". En seguida, avisan a Jorge Javier de que el nuevo secretario general del PSOE quiere hablar con él en privado y poco después recibe, en directo, la llamada de Pedro Sánchez en su teléfono móvil. Ambos hablan durante un tiempo en el que, como es habitual, no faltaron los rótulos y el típico morbo que caracteriza al programa, hasta que Jorge Javier cuelga después de despedirse del líder socialista invitándole a "venir al Deluxe en algún momento". Visto lo visto, no parecería tan descabellado.




Esta aparición de Pedro Sánchez no es un hecho aislado (ni del propio líder socialista, ni de otros mucho políticos). El propio Sánchez apareció el martes en el Hormiguero de Antena3 después de haber dado "plantón" al programa "laSexta Noche", algo que parece ir más acorde con su labor en la sociedad (no olvidemos de que es un político, no un showman). Pero no es el único, muchos de sus "colegas" han tomado como costumbre aparecer en los platós de televisión de múltiples programas de signos muy diversos. El más claro ejemplo podría ser Pablo Iglesias, líder de PODEMOS, que se ha convertido en un habitual en los programas de debate político (por lo menos, el señor Iglesias sale en programas que tienen que ver con su profesión), o Revilla, ex-presidente de Cantabria, que va a tener, incluso, un propio programa de televisión.


La aparición de políticos en las cadenas de televisión está alcanzando niveles inquietantes que me llevan a preguntar: ¿son la TV y la política parásitos mutuos? Es decir, ¿se utilizan entre sí para lograr beneficios (audiencias las cadenas y votos los partidos)? ¿Hasta qué punto puede considerarse esta práctica "populismo", tal y como afirman muchos? Sólo el tiempo nos lo dirá, cuando la población hable en las urnas y veamos el posible efecto que estas apariciones estelares de los políticos cause en la mente de la ciudadanía.
Christian A.A.S.


martes, 19 de agosto de 2014

El renacimiento del atletismo español

Lo verdaderamente importante presenta: Zurich 2014, ¿el inicio de una nueva era?

Seis medallas: dos de oro, una de plata y tres de bronce. Ese es el bagaje de la selección española de atletismo en los últimos campeonatos de Europa al aire libre, que se celebraron la semana pasada (del 13 al 17 de agosto). Cinco días cargados de emoción en la que, además de las medallas, España obtuvo la friolera de 22 finalistas, esto es, de 22 atletas entre los ocho mejores del continente. Nuestro país se mantiene entre las diez potencias del atletismo a nivel europeo y vuelve a dar la cara -y el callo- en una competición internacional. Hoy hablaré de la participación española en dicho campeonato y de los retos futuros.
El atletismo español atravesaba una racha negativa en resultados. Los últimos Juegos Olímpicos de Londres 2012 en los que la delegación española no consiguió ninguna medalla proveniente del estadio olímpico, no hicieron sino ahondar en la yaga de los malos resultados de las competiciones anteriores en las que el atletismo nacional no había estado a la altura. Y no era sólo eso, también parecía que nadie podría cambiar la dinámica. Claramente, nos equivocamos. Este intervalo previo a las Olimpiadas de Río 2016 ha vuelto a colocar una sonrisa en los amantes de este deporte y, lo que es más importante, en la cara de los atletas. Los veteranos mantienen el tipo y la forma (Ruth Beitia, a sus 35 años, revalidó, por primera vez en 50 años, el título de campeona de Europa en salto de altura; Mario Pestano, a pesar de solo lanzar tres veces por problemas físicos, acabó sexto en la final de disco; García Bragado, con 45 años, marchó impecable para terminar octavo; etc.); pero, lo más halagüeño, es que los jóvenes viene pisando fuerte (Eusebio Cáceres acabó cuarto en la final de longitud; Samuel García, séptimo en la de 400 metros; Carlos Tobalina, noveno en lanzamiento de peso, etc.). 

Sin lugar a dudas, el atletismo se ha rejuvenecido y ha demostrado que quiere seguir peleando como en aquellos tiempos de Fermín Cacho, Yago Lamela o Marta Domínguez, entre otros muchos deportistas, que han situado a nuestro país en los mejores puestos de las grandes competiciones. Ahora solo falta que el tesón de nuestros atletas sea recompensado con un mayor apoyo por parte de la población y de las instituciones. Que las becas y las ayudas a deportistas de élite no sean cada vez menores, como está ocurriendo, sino mayores y acordes con la calidad y la proyección de muchísimos deportistas españoles que tienen que sudar sangre para poder participar en estos campeonatos internacionales.


Hagamos que el esfuerzo de nuestros atletas se vea recompensado. Hagamos que la imagen de España como potencia deportiva quede consolidada. Hagamos que el deporte no se convierta en un lujo para los más jóvenes. Hagamos que los que llegan por detrás tengan más oportunidades de triunfar. Así es como se consigue una selección nacional de atletismo más fuerte, más capaz, más competitiva, si cabe, que la actual. Muchas gracias, héroes, por competir siempre al más alto nivel a pesar de las dificultades que tenéis y gracias, también, por regalarnos estas tardes de emoción e ilusión. La pelota está en el tejado de las instituciones, ellas deciden: ¿mantener el nivel de los deportistas españoles con ayudas para competir y entrenar o seguir rebajando estas becas y poner en peligro la posición del país como potencia deportiva?
Christian A.A.S.